Jugar con cuidado y jugar con miedo

Posted in Level One on 14 de Junio de 2016

By Reid Duke

Over the span of the last nineteen years, since he was five years old, Reid has been a player, a deck builder, a collector, and a lover of the Magic world. Today, he’s a full-time professional Magic player and writer.

En Level One, Reid Duke explica los principios básicos de Magic. Esta columna se publicó el año pasado en inglés y ahora la hemos traducido para acercarla al resto de jugadores de otros idiomas. ¡Que la disfrutéis!


Si habéis leído todas las entregas de Level One publicadas hasta la fecha, a estas alturas conocéis los fundamentos de Magic. Entendéis los conceptos básicos de la construcción de mazos y el sistema de juego. Sabéis cuáles son los errores habituales de los principiantes y cómo evitarlos. No obstante, a medida que progreséis como jugadores avanzados, tendréis que caminar por una delgada línea. Hoy vamos a hablar sobre la diferencia entre jugar con cuidado y jugar con miedo.

Las ventajas de jugar con cuidado

Jugar con cuidado significa evitar los riesgos y encauzar la partida para que no termine en una catástrofe.

  • "No voy a lanzar más criaturas, por si el oponente usa una Podredumbre en el próximo turno".
  • "He visto a Hixus, carcelero en la primera partida y esas cinco llanuras enderezadas son muy sospechosas. Más vale atacar con prudencia".
  • "Tengo la partida a favor, pero puedo perder si el oponente roba una criatura con prisa. Mejor dejar al Sátiro buscacaminos para defender".

Saber jugar con cuidado es una habilidad importantísima cuando las partidas están equilibradas o cuando llevamos la delantera. Los grandes jugadores de Magic exprimen al máximo todas las ventajas y ofrecen al oponente el mínimo posible de oportunidades de robarles la victoria.

Cuando vamos por delante en una partida, hay una gran diferencia entre seguir un camino que ofrece un 90 % de probabilidad de ganar o seguir otro que ofrece un 80 % de posibilidades. Si somos imprudentes y dejamos brechas por las que el oponente pueda remontar, nuestros resultados sufrirán a la larga.

Los peligros de jugar con miedo

Sin embargo, la cautela tiene un gemelo malvado y peligroso. A menudo, cuando los jugadores creen que actúan con prudencia, en realidad juegan con miedo. Debemos hacer todo lo posible para aprender a diferenciar ambas cosas.

Uno de los peligros de jugar con miedo es que, en ocasiones, podemos perder partidas por preocuparnos por cartas que el oponente ni siquiera tiene.

Es razonable pensar que el adversario puede tener un hechizo de permiso, pero ¿cómo vamos a ganar si no usamos nuestras cartas?

Es normal que nuestro mazo monorrojo tenga miedo de la Podredumbre, pero reservar a nuestras criaturas puede hacer que perdamos contra un Rinoceronte de asedio o contra varios hechizos de anulación selectivos.

Otro de los grandes peligros de jugar con miedo es ofrecer más pasos de robar al oponente. Los jugadores son propensos a razonamientos falsos como "la única carta que puede ganarme es Atarka, señora dragón, así que voy a jugar para evitarlo". La mayoría de las partidas son mucho más complicadas. Si jugamos con demasiadas reservas y concedemos más pasos de robar al oponente, puede que se produzca un giro de los acontecimientos con el que no contábamos y que eso nos cueste la partida.

Claustrofobia | Ilustración de Ryan Pancoast

Un ejemplo: dilemas en la delgada línea

Hace poco jugué una partida con un mazo Blue-Black Control en la que conseguí estabilizarme a pocas vidas contra una baraja Red-Black Dragons. Podía perder si el oponente robaba un Dragón aliento de tormenta o a Kólagan, la Furia de la Tormenta, por lo que decidí no atacar con Sílumgar, la Muerte Errante hasta que robase otra criatura voladora para bloquear.

Pues bien, el oponente no robó un dragón con prisa, sino una Regente tempestad desatada para bloquear. Como había dejado escapar mi oportunidad para atacar, ofrecí otro paso de robar al adversario, con tan mala suerte de que su siguiente robo fue un hechizo de daño directo que me costó la partida.

¿Jugué con cuidado o con miedo? Es difícil decirlo, pero os aseguro que ofrecer pasos de robar al oponente es un riesgo tremendo, incluso cuando creemos que hemos previsto todas las posibilidades.

Cómo jugar con cuidado sin jugar con miedo

El primer paso es evaluar si podemos o no podemos permitirnos el lujo de jugar con cuidado. A menudo, esto implica sopesar lo bien que nos va la partida y cuántas probabilidades de ganar tenemos si se prolonga.

¿El oponente se lanza a la carrera por aire con Ójutai, señor dragón? Bueno, entonces ya no podemos jugar pensando en minimizar los daños de un posible Quid del destino.

¿Estamos a una vida contra un mazo de chispas? Entonces debemos ser agresivos y ofrecerle el mínimo posible de pasos de robar.

Por lo general, jugar demasiado despacio contra un mazo de control es una mala idea. Irónicamente, los mazos de control son justo los que utilizan los hechizos de permiso y los limpiamesas que queremos evitar. Por desgracia, en muchos casos, tratar de mitigar los daños de un Terminar con las hostilidades es una mala idea: eso sería jugar con miedo, no con cuidado.

Los mazos de control tienden a ser tan eficaces a partida avanzada que probablemente ganen si consiguen reiniciar la mesa en el quinto turno, tanto si hemos reservado criaturas como si no. Desde luego, podríamos lanzar un Habitante de la Calle Fundición y un Encabezahorda trasgo para tratar de recuperarnos, pero esas cartas serán virtualmente inútiles si la siguiente jugada del oponente es lanzar a Elspeth, campeona del sol.

Cómo no, todo esto depende de los detalles concretos de la situación. Por supuesto que hay ocasiones en las que conviene reservarse una criatura o dos. Sin embargo, ante la duda, recomiendo tratar de sentenciar la partida lo más pronto posible. Cuanto más nos contengamos, más tiempo daremos al oponente para que despliegue sus cartas dominantes a partida avanzada.

Autómata guardián | Ilustración de Vincent Proce

Entonces, ¿cuándo hay que jugar con cuidado? Lo mejor es hacerlo cuando la partida esté a nuestro favor o cuando queramos que se prolongue.

Si evaluamos el estado de la partida y consideramos que podemos permitirnos el lujo de jugar con cuidado, el segundo paso es pensar cuál sería la peor situación posible. Para ser más precisos, lo que debemos hacer es pensar cuáles son las maneras razonables de que la situación se tuerza.

"Esto podría acabar mal si el oponente roba algo que anule a mi bloqueadora".

El tercer paso es pensar cómo podemos reducir esos riesgos.

"¡Pero puedo dejar otra criatura para defender!".

En cuarto lugar, hay que sopesar los pros y los contras de esa decisión.

"Si hago eso, sobreviviré hasta el siguiente turno, pero así daré dos pasos de robar al oponente. Además, si anula a mi mejor bloqueadora, tendré que sacrificar la otra para bloquear y podría perder de todas maneras".

Por último, debemos actuar en función de lo que decidamos, pero sin olvidarnos de evaluar de nuevo la situación en caso de que algo cambie.

Conocer tus instintos

Algunos jugadores son más agresivos por naturaleza y no tienen cuidado tan a menudo como deberían. Otros jugadores son más conservadores y muchas veces se pasan de la raya, hasta el punto de jugar con miedo. Me gustaría mencionar un concepto muy importante del que nos habló una vez Zvi Mowshowitz, jugador profesional y miembro del Salón de la Fama:

"[...] tenéis que conocer vuestros instintos. No me refiero a saber si son buenos o malos instintos, sino a conocer vuestras tendencias. Fijaos en cuáles son vuestras inclinaciones naturales. Si siempre os centráis en controlar la partida, cuando os enfrentéis a una decisión difícil, escoged la opción no controladora. Si normalmente sois hiperagresivos, conteneos. Eso os ayudará a protegeros de vosotros mismos, [...]".

Es importante conocernos a nosotros mismos. Eso puede ayudarnos a evitar que cometamos errores y es fundamental para madurar como jugadores.

En mi caso, hace algunos años me di cuenta de que mi tendencia natural es ser conservador. No tenía nada de malo: creía que jugaba bien y que la mayoría de mis decisiones eran razonables. Sin embargo, cuando cometía algún error, era mucho más habitual que ocurriera por haber jugado con demasiada prudencia, no por haber sido demasiado agresivo. En otras palabras, tenía tendencia a jugar con miedo.

Entonces comencé a disputar mis partidas pensando en ese factor. Cuando me enfrentaba a una decisión difícil, me recordaba: "Reid, tienes tendencia a jugar con miedo. ¿Será esta una de esas ocasiones?". No fue un cambio drástico en mi estilo de juego, sino un ligero ajuste a una perspectiva que estaba un poquito descentrada. En resumen, aprendí a lanzarme a la yugular cuando olía sangre y a no dejar pasar las oportunidades para incrementar mi ventaja.

Merodeador filotumba | Ilustración de Jason Rainville

Cuándo corres el riesgo de jugar con miedo

Existen determinadas circunstancias en las que los jugadores corren un mayor riesgo de jugar con miedo.

Una de ellas ocurre cuando una partida toma un mal cariz. Jugar por delante requiere una mentalidad un tanto distinta que jugar a la zaga, y no siempre es fácil cambiar de una a otra.

Si un jugador ha llevado la delantera durante un rato, pero entonces la situación se tuerce y empieza a írsele de las manos, corre el riesgo de jugar con miedo. Hasta entonces había jugado con la mentalidad de tener cuidado, pero ahora la situación ha dado un giro que le ha arrebatado el lujo de hacerlo.

También puede ocurrir lo contrario. Imaginad que estamos usando un mazo agresivo y que sentimos la necesidad de terminar la partida cuanto antes. Esa sería la forma correcta de jugar en la mayoría de situaciones, pero también puede darse el caso de que la partida esté muy a nuestro favor y lo mejor sea jugar con cuidado. Por ejemplo, suponed que el oponente está a pocas vidas y que tenemos un hechizo de daño directo para rematarlo. En esa situación, corremos el riesgo de precipitarnos y tratar de ganar de inmediato, cuando lo mejor sería tener cuidado y esperar a que el oponente no tenga maná disponible para usar un posible hechizo de permiso.

Otra posibilidad surge cuando un jugador da el salto a un nuevo nivel competitivo. Os lo digo por experiencia propia.

Por ejemplo, supongamos que un jugador ha cosechado grandes resultados en los Friday Night Magic. Lleva meses o años jugando en la tienda local y se ha convertido en uno de sus mejores jugadores. Si actúa con cuidado, prolongando las partidas y dejando pocas posibilidades de que las cosas se compliquen, sabe que podrá vencer a la mayoría de sus oponentes gracias a su ventaja de habilidad y experiencia.

Cuando un jugador así da el salto a los Regional Pro Tour Qualifier o los Grand Prix, tal vez tenga problemas para adaptar su estilo de juego. Ahora se enfrentará a adversarios con un nivel similar o superior al suyo y ganar supondrá un mayor esfuerzo. Si juega con miedo y no consigue aprovechar las oportunidades, estará en desventaja contra los oponentes de su talla.

Aniquilación infinita | Ilustración de Yeong-Hao Han

Asimismo, cuando un jugador se enfrenta a alguien a quien considera especialmente hábil, corre un mayor riesgo de jugar con miedo. Cada jugador tiene sus propios "hombres del saco": puede ser un profesional en un Grand Prix, la superestrella local o, simplemente, la persona que ganó el FNM de la semana anterior.

En esas situaciones, algunos jugadores dan "demasiado mérito" a sus oponentes. No esperan que los adversarios fuertes puedan ser vulnerables. "Seguro que tiene un Choque de voluntades", o "fijo que va a lanzar una Podredumbre en el próximo turno".

En realidad, todos los jugadores de Magic somos humanos (a menos que estén rodando una adaptación de Air Bud y no me haya enterado). Un buen jugador no tiene más probabilidades de robar una Podredumbre entre sus diez primeras cartas que cualquier otro jugador con la misma baraja. De hecho, cuando nos enfrentemos a rivales duros, debemos estar ligeramente más dispuestos a correr riesgos, porque sabemos que jugarán bien y cometerán pocos errores si la partida se prolonga.

Caminar por la delgada línea entre jugar con cuidado y jugar con miedo consiste en evaluar objetivamente la situación de la partida y otros factores en juego. Sin embargo, es importante reconocer que todos somos humanos y que existen situaciones donde nuestro juicio puede nublarse. Buscad maneras de centraros y tomad vuestras decisiones lo mejor que podáis. Jugad con cuidado cuando eso sirva para reforzar vuestro dominio de la partida, pero no juguéis con miedo si eso da al oponente demasiado margen para respirar.

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