El tercer milagro

Posted in Feature on 21 de Diciembre de 2016

By Corbin Hosler

Jimmy Bucknell repetía la secuencia de palabras. Tenía que pensarlas detenidamente. Buscaba la forma de unirlas unas a otras, formando una estructura adecuada y un ritmo reconocible. Era un ejercicio con el que se sentía seguro, un paso sencillo pero necesario. Repetía las palabras de nuevo. La misma secuencia que le había dicho el médico, una y otra vez, hasta que el médico le daba el visto bueno y se marchaba.

Cinco minutos después, el médico regresaba.

Jimmy no recordaba haber conocido a aquella persona.

"Los médicos le pedían que repitiera las palabras, pero, un minuto más tarde, él no sabía a qué se referían", explica Jim, el padre de Jimmy. "El accidente le había arrebatado completamente la memoria a corto plazo".

Jimmy Bucknell

El accidente. El peor miedo que pueden tener unos padres se hizo realidad para Jim y Beverly en una fatídica noche de 1998. Una llamada en plena noche, la urgencia por marcharse, un coche destrozado y el mundo de los dos aferrándose a la vida bajo cientos de kilos de metal y cemento mientras la lluvia se fundía con las lágrimas en la fría noche.

Para Jim y Beverly, el primer milagro lo obraron los héroes de aquella horrible situación. Los servicios de emergencia utilizaron sus legendarias "mandíbulas de la vida" para sacar a Jimmy del amasijo de metal. Los paramédicos corrieron a ayudarle e hicieron todo lo posible para insuflar vida al joven de diecisiete años, que se debilitaba rápidamente mientras la ambulancia lo llevaba al hospital.

Cuando sus padres llegaron, la situación de Jimmy era desalentadora. El trauma severo en la cabeza y el colapso de ambos pulmones eran lo más grave de la lista de lesiones. Peor aún: había pasado 25 minutos sin respirar oxígeno cuando su cuerpo dejó de responder. Jim y Beverly miraban la fisonomía rota de su hijo sin el coraje para escuchar a los médicos que les explicaban suavemente la cruda realidad: era improbable que Jimmy viese un nuevo amanecer.

Con el fin de limitar los daños y buscar la manera de que la encefalitis remitiese, los médicos provocaron un coma en el estudiante del instituto Durango, al que le quedaban pocos meses para graduarse. Las probabilidades eran escasas, pero sus traumatizados padres se aferraron a esa esperanza.

Para Jim y Beverly, el segundo milagro fue ver el próximo amanecer con su hijo vivo junto a ellos. Gracias a la labor constante de los médicos, Jimmy se recuperó lentamente. Sin embargo, el mundo en el que despertó no era el mismo que recordaba.

Los daños físicos habían sido graves. Jimmy no podía caminar por sí mismo. No podía respirar sin ayuda. Desplazarse más allá de los pocos metros que separaban su cama del baño era impensable.

Aquellas lesiones parecían menores en comparación con los daños mentales. Jimmy era un jugador de Magic de gran talento y estaba en el mejor momento de su trayectoria: el año anterior había competido en el Pro Tour en Chicago. Ahora no podía cepillarse los dientes solo.

"Cuanto tuvimos la primera cita con el terapeuta, sus palabras me dieron rabia al principio", recuerda Jim. "Nos dijo que Jimmy tardaría entre seis y doce meses en salir del centro de rehabilitación. Me negaba a entenderlo. No quería comprender que mi hijo no se recuperaría de aquello".

"Pero no nos enfrentábamos a las mismas realidades que los especialistas. Cuando los primeros días se convirtieron una semana y vimos lo despacio que progresaba, empezamos a entender la perspectiva de los médicos".

Cada día era más duro que el anterior para Jimmy, que luchaba por aprender de nuevo a hacer incluso las cosas más sencillas. Sin embargo, aunque aún no pudiera peinarse, el antiguo competidor del Pro Tour Chicago de 1997 recordaba una cosa.

Quería jugar a Magic.


"Jugaban a todas horas, día tras día, semana tras semana", dice Jim actualmente, recordando aquel día hace dieciocho años en el que los amigos de Jimmy fueron al hospital armados con mazos de Magic Anthologies y un optimismo inquebrantable, convencidos de que su buen amigo y compañero de juegos regresaría algún día al campo de batalla. "Sus amigos lo dejaron todo de lado para pasar el tiempo allí, jugando a Magic con Jimmy en la cama del hospital".

Jim y Beverly, que nunca habían compartido la afición de su hijo, hicieron lo posible por aprender para jugar con Jimmy, aunque Jim se ríe al recordar que su hijo le daba mil vueltas. Durante semanas, jugaron sobre una mesita de hospital, en la que solía haber recipientes de gelatina a medio comer.

Y entonces fue cuando Jim y Beverly vivieron el tercer milagro.

"Un día, me desperté y descubrí que lo había recuperado todo", relata Jimmy. "El accidente me había arrebatado la capacidad de formar nuevos recuerdos. Era exactamente como en la película 50 primeras citas: me presentaba a la gente y diez segundos después volvía a hacerlo, como si no nos conociéramos de nada. Un día sufría aquellos problemas de memoria, y al siguiente lo recuperé todo".

"Los médicos no podían explicarlo. Algunos habían ejercido durante casi 40 años, pero ninguno había visto un caso parecido jamás. ¿Habría recuperado la memoria igualmente con el tiempo? Tal vez, pero estoy convencido de que fue gracias a jugar a Magic a diario, a hacer que mi cerebro se concentrara en cosas y las analizara. De no haber sido por ello, habría sido imposible que mi cerebro lograra recuperarse como lo hizo".

El padre de Jimmy lo afirma sin rodeos.

"Sinceramente, Magic fue su salvación. Fue un auténtico milagro. En cuestión de días, sus recuerdos regresaron poco a poco. Una semana después, los médicos estaban perplejos con lo rápido que se había recuperado. En mi opinión, sus amigos y su camaradería fueron quienes le ayudaron a recuperarlo todo".

Con sus recuerdos de vuelta, Jimmy empezó a rehacer su vida. Aprendió a caminar por sí solo. Regresó al instituto. Se graduó junto a sus amigos.

Y siguió jugando a Magic. Jimmy volvió al Pro Tour y las aguas regresaron a su cauce tres años después, cuando compitió en el Pro Tour Nueva York en 2001.

Hoy en día, la vida de Jimmy ha tomado otro rumbo. Trabaja como corredor de bolsa y se ejercita con regularidad en el gimnasio. Ya no compite en el Pro Tour, pero sí que abre Magic Online siempre que puede para echar unos drafts. Cuando visita a su familia, los recuerdos dolorosos de su etapa en el hospital rara vez surgen en las conversaciones. Y cuando lo hacen, solo hay un detalle en el que Jimmy quizá no esté de acuerdo con sus padres.

Recuperar su vida no fue un milagro.

Fue Magic.

Jimmy y sus padres

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