Resumen de la experiencia de Sombras sobre Innistrad

Posted in Feature on 11 de Marzo de 2016

By Wizards of the Coast

El fin de semana pasado vivimos uno de los pistoletazos de salida más memorables para una colección, ya que los jugadores de todo el mundo colaboraron tanto desde casa como en los Grand Prix organizados en tres continentes para resolver los enigmas de Innistrad y revelar nuevas cartas.

Si alguno de vosotros no pudo experimentar este misterio ni online ni en persona, no os preocupéis, porque os hemos tenido en cuenta. Si queréis ver todas las novedades desveladas hasta el momento, echadle un vistazo a la galería de imágenes de cartas. Todo lo que se ha revelado en Melbourne, Detroit, Bolonia y la experiencia online se puede encontrar aquí, además de las cartas que ya habíamos visto con el lanzamiento de nuestros Duel Decks: Blessed vs. Cursed.

Pero ¿qué hay de la experiencia de participar en las actividades de los Grand Prix? Pues también hemos tenido eso en cuenta.


Melbourne: el laboratorio del suturador

Ray Walkinshaw

Cartas reveladas:

 

 

Os juro que nunca volveré a entrar en un edificio sin saber qué hay dentro. Mi mujer y yo estábamos dando un paseo con nuestra hija hace unos días, cuando nos topamos con un grupo de cuatro o cinco personas que aguardaban entusiasmadas cerca de un portal a oscuras. Pensábamos que sería un bar con encanto donde podríamos saciar nuestra sed y aplacar el hambre, así que nos unimos al grupo con intención de refugiarnos de los nubarrones que se aproximaban y, como dijo mi hijita, "comer nuggets y patatitas con salsa".

Un señor vestido de dentista o de médico nos acompañó adentro. Lo seguimos por un recibidor oscuro y nos pidió que dejásemos en un cofre nuestros bolsos, abrigos, abalorios y artilugios tecnológicos. "Oooh, es de estilo clásico", pensé. Entonces nos llevó hasta una puerta que supuse que daría al comedor. No sabía cuánto me equivocaba.

En el centro de la estancia había una mesa de operaciones sobre la que yacía una página de pergamino. Eché un vistazo alrededor y vi un escritorio, una estantería, varios armarios... y una cesta llena de piernas amputadas.

Mm, ¡no sé yo si este local pasaría las inspecciones sanitarias!

Entonces me fijé en otros detalles macabros que me dejaron completamente pálido: un tarro lleno de ojos, orejas cortadas debajo del escritorio y un recipiente de cristal con cerebros. "Esto...", dijo alguien del grupo justo antes de que la puerta se cerrara de golpe a nuestras espaldas. Abracé a mi mujer e hija para mantenerlas a salvo... O quizá me abrazaran ellas mientras yo gimoteaba; no lo recuerdo bien.

Alguien se acercó a la mesa y leyó el mensaje. "Si no queréis compartir el mismo destino", dijo con voz temblorosa, "ayudadme a ensamblar mi última... creación".

Entonces cundió el pánico y todos nos pusimos a hurgar entre las partes de cuerpos dispersas por la habitación, tratando de averiguar cuál encajaba con cuál. Tengo el vago recuerdo de que mi hija correteaba alegremente sosteniendo en alto un brazo amputado; creo que necesito tener una charla con ella... Mi mujer, bendita ella, puso orden y pidió a un caballero que rebuscase entre una pila de orejas mientras otro hundía un brazo en el recipiente con cerebros. Yo hice todo lo posible por mantener la compostura. Mi apetito había desaparecido para entonces.

Al final ensamblamos una especie de... monstruo en la mesa de operaciones. Ninguno nos atrevimos a mirarnos a los ojos. "Bravo, bravo", dijo una voz masculina por un conducto de ventilación. "Como recompensa, os permitiré vislumbrar mi más reciente creación: ¡una carta de Magic!".

Nuestra carta especial de Sombras sobre Innistrad se encontraba en una cajita de madera y solo podía verse utilizando una lupa.

Nos reunimos en torno a un microscopio que descansaba en una estantería para contemplar la carta, y entonces un caballero aventuró: "¿Creéis que este es un buen momento para escapar?".

"Yo encontré unas llaves en ese cajón mientras buscaba los codos", comentó alguien.

"¡Podrías haberlo dicho hace 10 minutos!", le espetó mi mujer mientras abría de golpe el cajón. "Aquí hay otra nota", dijo sosteniéndola en alto para que mi hija no la alcanzara. "Estate quieta; ¿qué te tengo dicho de que no se araña?".

Otro caballero leyó la nota con el entrecejo fruncido, mientras sus ojos descifraban línea tras línea de palabras dementes. "Esto habla de una balanza con pesos", advirtió. "Si conseguimos que los pesos se correspondan con el peso de la llave, tal vez podamos...".

"Urrgghh...", gruñó algo desde la mesa de operaciones.

"Pues démonos prisa", apremié.

Nos reunimos en torno a la balanza del escritorio y probamos a mover los pesos de un plato a otro.

"Prueba con este".

"¿Y este?".

"¡No, el otro!".

"Urrgghht, ¿essst-t-t-te?".

"Sí, gracias, creo que es este".

"Urrgghh, d'naadaaa".

"Eso digo yo".

La clave para escapar, ¡pero ¿cuál de ellas?!

Entonces lo resolvimos; mi mujer recogió la llave de la balanza y corrió hacia la puerta. Nos juntamos a su alrededor mientras trataba de abrirla, y la espera nos pareció una eternidad. De pronto, la puerta por donde habíamos entrado se abrió de golpe. "¡Se acabó el tiempooo! ¡¿Quién quiere servir a la CIENCIA?!", chilló el susodicho médico. La llave que sostenía mi mujer por fin encajó. La salida se abrió y todo el grupo huyó despavorido hacia la oscura y acogedora noche.

Como supondréis, esto ha sido una narración un tanto ficticia de nuestra experiencia en la sala de escape del Grand Prix de Melbourne, aunque se inspira en lo que ocurrió de verdad. Mi mujer, mi hija y yo nos unimos a un grupo que esperaba para entrar y mi hija llegó a corretear por la sala sosteniendo en alto un brazo amputado. El primer rompecabezas consistía en buscar la combinación correcta de partes de cuerpos para desvelar la carta especial, mientras que el segundo era el de encontrar la llave correcta para la salida. Completamos la huida en menos de 15 minutos y nos lo pasamos como niños. La decoración nos pareció increíble y la atmósfera era terrorífica.


Bolonia: la mansión Markov

Tobi Henke y Frank Karsten

Cartas reveladas:

 

En los Grand Prix siempre hay más actividades aparte del evento principal. Este fin de semana, los asistentes tuvieron la oportunidad de vivir emociones fuertes en el trasfondo de Innistrad. Cada Grand Prix contaba con su propio lugar emblemático del plano: en Melbourne se podía visitar el laboratorio del suturador, Detroit albergaba la Catedral de Thraben y aquí, en Bolonia, nos adentramos en la mansión Markov.

Aquellos que estuvieran dispuestos podían formar grupos de entre cinco y nueve personas para quedar encerrados en la mansión Markov y disfrutar de una sala de escape de 15 minutos, donde los participantes debían utilizar lo que encontraran en la habitación para resolver una serie de acertijos, obtener la llave de la salida y huir a tiempo. Los reporteros del evento nos unimos a un grupo de fans de Magic y también nos atrevimos a entrar en la mansión.

Antes de nada, nos pidieron que dejásemos todas nuestras cosas en un cofre bien vigilado; al parecer, los teléfonos móviles no están bien vistos en el hogar ancestral de Sorin. Entonces nos invitaron a recorrer un pasillo angosto y apenas iluminado con algunas velas, una de las cuales la portaba un hombre con atuendo gótico. Nos saludó y se presentó como el mayordomo de la mansión. A continuación nos preguntó: "¿Saben ustedes quién es el maestro Markov?".

"Es un vampiro, ¿no?", aventuró alguien del grupo.

"Por supuesto. En esta casa, todos somos vampiros", dijo el mayordomo con un brillo perturbador en los ojos y una sonrisa iluminada por el candelabro que sostenía.

Dentro del salón principal, que estaba incluso más a oscuras, nos maravillamos con los cuadros exquisitamente ornamentados, con el mobiliario de estilo antiguo, con las paredes de piedra... y con los horrores que albergaban: había partes de cuerpos que sobresalían de ellas, brazos y piernas fundidos con las superficies y una cabeza paralizada para siempre en pleno grito de terror.

Los minutos pasaban mientras contemplábamos el entorno, ¡y teníamos acertijos que resolver! Para que os hagáis una idea, estas son algunas de las cosas que dijo nuestro equipo:

"¿Conocéis palabras de cinco letras que tengan que ver con Innistrad? ¿Cuáles podemos formar con estos portavelas?".

"¡Chavales, hemos encontrado unas linternas!".

"Esto va de códigos numéricos. ¿A quién se le dan bien?".

"Oh, estas piedras se mueven".

Entre otras cosas, encontramos una llave, mensajes ocultos en las paredes y un cuadro que se desplegaba para revelar una nueva carta de Magic. Estaba en italiano, pero por suerte contábamos con un traductor: Fabrizio Anteri, campeón de cuatro Grand Prix y actual número 12 del mundo.

Cada cinco minutos, un gong sobrecogedor anunciaba el transcurso del tiempo. Cinco minutos... Diez minutos... Nos acercábamos al límite de quince minutos y seguíamos cometiendo pequeños errores; además, no íbamos a batir la marca del mejor equipo. Pero entonces, justo a tiempo, conseguimos salir antes de que el reloj sellara nuestro destino. Prefiero no imaginar qué habría sucedido si no lo hubiésemos logrado.

Los jugadores salieron encantados de la experiencia. "¡Ha estado genial! Muy pero que muy divertido", dijo Anteri. Los otros apreciaron el diseño de la sala y el esmero del decorado. "Nunca había estado en una sala de escape, pero sé que hay algunas en Londres. A lo mejor voy a esas también", comentó Anteri. "Eso sí, fijo que la ambientación no es tan genial como la de Innistrad", añadió entre risas.

Hay muchos lugares donde resolver rompecabezas. Pero ¿visitar el hogar de un vampiro en el mundo de Innistrad? Solo en Magic.


Detroit: la Catedral de Thraben

Corbin Hosler

Cartas reveladas:

Archangel Avacyn
Avacyn, the Purifier
Avacynian Missionaries
Lunarch Inquisitors

Relentless Dead

Bygone Bishop

 

Lo primero que oímos fue el largo y sonoro repique de la campana que coronaba la Catedral de Thraben. El espeluznante sonido hizo que supiésemos qué nos aguardaba: Innistrad se había sumido en el caos, sus líderes y gentes habían sido diezmados... y nosotros nos habíamos metido de lleno en ello.

Cuando las puertas de la Catedral de Thraben se abrieron, recibimos una sencilla instrucción: encontrar a toda costa una forma de escapar del santuario. Una serie de rompecabezas se interponía entre nosotros y nuestra meta, y las respuestas no eran sencillas. Mientras empezamos a investigar las pistas diseminadas por toda la sala, una lugareña rezaba a Avacyn para que nos guiase. En ese momento ignorábamos lo mala que era aquella idea.

Los acertijos fueron desafiantes, una auténtica prueba para la mente y no para el cuerpo, como señaló la aldeana. Con la emblemática vidriera de Avacyn ante nosotros, el equipo comenzó a resolver los enigmas que nos permitirían regresar a la multitud que se congregaba en el exterior de la catedral.

Tardamos en lograr nuestro primer hito: un miembro del grupo proclamó con orgullo que había resuelto el rompecabezas para encontrar la vela necesaria para llegar al siguiente obstáculo. Sin embargo, a partir de ahí progresamos rápidamente. A medida que lo hacíamos, empezamos a completar el retrato parcialmente fragmentado de Avacyn; cada pieza que encajábamos nos acercaba un paso a nuestra meta.

Con el tiempo a punto de agotarse, accedimos al último acertijo: una mancha de tinta en un trozo de pergamino. Cuando el equipo averiguó cómo conseguir la llave de la salida, descubrimos que nuestro plan de huida no era el único que estaba en marcha. No sabíamos lo que nos esperaba fuera cuando por fin encontramos la llave que nos permitió regresar a la seguridad del mundo exterior.

La mismísima Avacyn había acudido a otorgar nuestra recompensa, para alegría de la aldeana que nos acompañaba. No obstante, el júbilo pronto se tornó en terror cuando oímos el estruendo de cristales haciéndose pedazos y el crujido de otras gruesas puertas de madera.

No éramos los únicos testigos congregados en el exterior de la Catedral de Thraben. Ante una multitud cada vez más numerosa, Avacyn nos deslumbró con su poder y nosotros contemplamos la gloria del ángel caído.

Mientras las masas permanecían atónitas, el mundo exterior comenzó a hacerse eco de los sucesos que acontecían en la Catedral de Thraben y el resto de Innistrad.

 

 

 

 

 

Así concluyó nuestra visita a la Catedral de Thraben. Sin embargo, aunque nos marchamos mansos de espíritu tras haber contemplado los poderes de aquel mundo, sabíamos que nuestro viaje hacia Innistrad no había hecho más que empezar.

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